Salvo un grupo de privilegiados encabezados
internacionalmente por Kilian Jornet y compañía y en el país por Emerson
Trujillo y algunos otros (pero no muchos), el resto de corredores de montaña o
aspirantes a serlo no corremos todas las cuestas, las caminamos. Así, el
trekking se convierte en una parte fundamental del entrenamiento para poder enfrentar
las subidas (y también bajadas) de una manera eficiente, es decir, sin
demorarnos mucho pero sin agotar todas nuestras energías en el intento.
Por eso, realmente me entusiasmé cuando hace unos meses
Ricardo Rivadeneira convocó un trek de
42k, más de 3,000 metros de ascenso y dos picos de más de 4,700 msnm, para ser
completado en 16 horas… qué ingenuidad!
El fin de semana previsto, partimos de Matucana a las 3 am, teniendo en mente llegar a nuestro destino -San Pedro de Casta- dentro de las 14 a 16 horas siguientes; ello, me habría permitido llegar a mi casa tarde (muy tarde) por la noche a mi casa, tal como se lo dije a mi familia y como pensaba en ese momento.
La ruta se inició sin mayores inconvenientes y me pareció muy interesante la experiencia de trekkear de noche (primera vez para mí); no hacía mucho frío y solo esperaba que amaneciera para poder correr un poco y probar la sensación de correr en altura (4,000 msnm) y con una mochila bastante cargada. De hecho, luego de una ardua jornada de caminata nocturna la mañana llegó y hasta pude correr un poco; sin embargo, lo que no llegaba era el paso de 4,700 msnm al que deberíamos arribar a eso de las 10 am.
Como se podrán imaginar, la ruta era simplemente espectacular y mientras íbamos avanzando (más lento de lo previsto) pensaba en las inacabables posibilidades para organizar carreras de montaña que tenemos tan cerca de Lima, con todos los niveles de exigencia de las carreras más reconocidas de Europa y USA y principalmente con toda la energía que se siente al pasar entre las montañas. Pero de otra parte, el camino se iba poniendo más duro, la altura más fregada y la temperatura más fría! Así que recién llegamos al abra de 4,700 msnm a eso de las 2pm y no a las 10am como inicialmente pensamos. Era hora de abrigarse un poco más y descansar un poco.

Pero como dice Juanito, keep walking! así que seguimos adelante y en mi caso no son la preocupación de que no iba a llegar a mi casa a la hora (ni siquiera el día) que había previsto. Debido al retraso que teníamos en ese momento, Ricardo Rivadeneira (en buena cuenta líder de la excursión) optó por no seguir el camino original que contemplaba bajar a una gran explanada para subir nuevamente hasta los 4,700 msnm para no retrasarnos más; más bien, empezamos a seguir por las laderas y lomos de los cerros para tratar de llegar al siguiente abra más rápido e intentar bajar por alguna quebrada (nota de redacción: Ricardo se sabe los nombres de cada lugar, yo no!).
A partir de este momento, surgió esa voz que dice ¿en qué estabas pensando? mientras el camino se hizo francamente duro. Hacía mucho tiempo que no subía a tanta altura, eso era algo que no me había preocupado pues siempre pensé que era prácticamente inmune a sus efectos; pero para que las cosas se pongan peor -y siempre se pueden poner peor- mi capacidad trekkera se reducía a su mínima expresión por encima de los 4,400 msnm y al tener que caminar por las laderas y lomos de los cerros esa era la mínima altura que mantuvimos por las siguientes horas, aunque debo decir que lo más duro era la preocupación de no poder avisar en mi casa que no iba a llegar!
Los kilómetros se hacían interminables pero todos caminábamos sin perder el ánimo ni el paso; cada vez que me acercaba a una zona muy alta mi performance caía estrepitosamente pero procuraba mantenerme a ritmo con los demás. Creo qué físicamente esta etapa fue la más dura (la más dura mentalmente todavía estaba por llegar). Con mucho esfuerzo y hacia las 10 de la noche finalmente llegamos a una quebrada por la cual pensábamos iniciar el descenso, pero no había camino y resultaba imposible para nosotros, más aún de noche y con tremendo cansancio a cuestas; lo bueno fue que había señal y pude avisar a mi familia que no iba a llegar sino hasta el día siguiente (me preguntaron "¿dónde estás?" y yo respondí "no sé, pero estén tranquilos, no estamos perdidos, simplemente no sabemos por dónde debemos bajar de la montaña"!).
Luego de 1 hora más de caminos, finalmente encontramos una quebrada por la cual empezamos a bajar; el camino no era muy técnico aunque era fácil resbalar y había que andar con bastante cuidado pues tuvimos que cruzar un riachuelo varias veces de un lado a otro para seguir bajando. Sin embargo, a las 2 am era ya evidente que el cansancio de 23 horas de jornada hacía que la alternativa más segura sea dormir -o internar hacerlo- por ahí nomás, pues faltaba mucho para salir de la quebrada. La noche sí fue una experiencia extrema; el frío en los pies se me hacía casi dolorosamente insoportable (yo estaba en zapatillas bastante transpirables) y la incomodidad del suelo y la piedra que tenía de apoyo me recordaron varias veces que debo ser más precavido en mis salidas de aventura. Solo espero que la lección me dure hasta la siguiente salida!
A eso de las 6:30 am reiniciamos la bajada de la quebrada; en mi caso la ansiedad de regresar a mi casa (y avisar que seguía vivo) iba superando a mi entusiasmo excursionista, pero como sea había que seguir andando y eso fue lo que hicimos... por las siguientes 7 horas. En un momento dado, mientras la quebrada seguía bajando el camino por donde íbamos comenzó a subir hasta que desaparecía, literalmente! Ese fue, al menos para mí, el momento más agotador mentalmente hablando, pues por un momento pensé que habría que regresar varias horas para buscar otra salida de la montaña.
Sin embargo, en la medida que abajo se veía los caminos que nos deberían llevara a la "civilización", decidimos bajar por la ladera del cerro, lo que con un poco de esfuerzo adicional y algo más de cuidado logramos hacer hacia las 11 de la mañana. Desde ahí (luego de desayunar unas chirimoyas gentilmente proporcionadas por un lugareño, síntoma de que nos acercábamos a algún lugar sin importar cual fuera) solo quedo seguir por una trocha carrozable absolutamente interminable, hasta un punto llamado Marca Marca, desde donde bajamos hacia Canchacalla a través de los cortes que habían de un punto a otro del camino. A Canchacalla llegamos (los primeros) hacia las 2 de la tarde y luego de poco más de 1 hora de espera, ya estábamos embarcados en un colectivo hacia Chosica... de ahí a Santa Anita... de ahí a mi casa, finalmente a eso de las 7:30 pm!
Como imaginarán, se trató de una experiencia inolvidable, con sus momento altos y algunos también bajos, propios de todo gran esfuerzo físico y mental; pero también hubieron momento tensos para mí, los que por cierto generé yo mismo a partir de mis ansias por llegar a mi casa y liberar a mi familia de la preocupación de tenerme fuera "en algún lado de la sierra limeña" sin saber exactamente cuándo (y cómo) iba a regresar. Ese fue precisamente mi error, dar por sentado que iba a regresar a una hora exacta como si me hubiese ido a la oficina a trabajar; para la siguiente ocasión (de todas maneras he de repetir esos 52 km y como 3,500 metros de ascenso) ya he aprendido la lección de esta experiencia, tan bien sintetizada por Ricardo: la montaña no tiene horarios!
La ruta se inició sin mayores inconvenientes y me pareció muy interesante la experiencia de trekkear de noche (primera vez para mí); no hacía mucho frío y solo esperaba que amaneciera para poder correr un poco y probar la sensación de correr en altura (4,000 msnm) y con una mochila bastante cargada. De hecho, luego de una ardua jornada de caminata nocturna la mañana llegó y hasta pude correr un poco; sin embargo, lo que no llegaba era el paso de 4,700 msnm al que deberíamos arribar a eso de las 10 am.
Como se podrán imaginar, la ruta era simplemente espectacular y mientras íbamos avanzando (más lento de lo previsto) pensaba en las inacabables posibilidades para organizar carreras de montaña que tenemos tan cerca de Lima, con todos los niveles de exigencia de las carreras más reconocidas de Europa y USA y principalmente con toda la energía que se siente al pasar entre las montañas. Pero de otra parte, el camino se iba poniendo más duro, la altura más fregada y la temperatura más fría! Así que recién llegamos al abra de 4,700 msnm a eso de las 2pm y no a las 10am como inicialmente pensamos. Era hora de abrigarse un poco más y descansar un poco.
Pero como dice Juanito, keep walking! así que seguimos adelante y en mi caso no son la preocupación de que no iba a llegar a mi casa a la hora (ni siquiera el día) que había previsto. Debido al retraso que teníamos en ese momento, Ricardo Rivadeneira (en buena cuenta líder de la excursión) optó por no seguir el camino original que contemplaba bajar a una gran explanada para subir nuevamente hasta los 4,700 msnm para no retrasarnos más; más bien, empezamos a seguir por las laderas y lomos de los cerros para tratar de llegar al siguiente abra más rápido e intentar bajar por alguna quebrada (nota de redacción: Ricardo se sabe los nombres de cada lugar, yo no!).
A partir de este momento, surgió esa voz que dice ¿en qué estabas pensando? mientras el camino se hizo francamente duro. Hacía mucho tiempo que no subía a tanta altura, eso era algo que no me había preocupado pues siempre pensé que era prácticamente inmune a sus efectos; pero para que las cosas se pongan peor -y siempre se pueden poner peor- mi capacidad trekkera se reducía a su mínima expresión por encima de los 4,400 msnm y al tener que caminar por las laderas y lomos de los cerros esa era la mínima altura que mantuvimos por las siguientes horas, aunque debo decir que lo más duro era la preocupación de no poder avisar en mi casa que no iba a llegar!
Los kilómetros se hacían interminables pero todos caminábamos sin perder el ánimo ni el paso; cada vez que me acercaba a una zona muy alta mi performance caía estrepitosamente pero procuraba mantenerme a ritmo con los demás. Creo qué físicamente esta etapa fue la más dura (la más dura mentalmente todavía estaba por llegar). Con mucho esfuerzo y hacia las 10 de la noche finalmente llegamos a una quebrada por la cual pensábamos iniciar el descenso, pero no había camino y resultaba imposible para nosotros, más aún de noche y con tremendo cansancio a cuestas; lo bueno fue que había señal y pude avisar a mi familia que no iba a llegar sino hasta el día siguiente (me preguntaron "¿dónde estás?" y yo respondí "no sé, pero estén tranquilos, no estamos perdidos, simplemente no sabemos por dónde debemos bajar de la montaña"!).
Luego de 1 hora más de caminos, finalmente encontramos una quebrada por la cual empezamos a bajar; el camino no era muy técnico aunque era fácil resbalar y había que andar con bastante cuidado pues tuvimos que cruzar un riachuelo varias veces de un lado a otro para seguir bajando. Sin embargo, a las 2 am era ya evidente que el cansancio de 23 horas de jornada hacía que la alternativa más segura sea dormir -o internar hacerlo- por ahí nomás, pues faltaba mucho para salir de la quebrada. La noche sí fue una experiencia extrema; el frío en los pies se me hacía casi dolorosamente insoportable (yo estaba en zapatillas bastante transpirables) y la incomodidad del suelo y la piedra que tenía de apoyo me recordaron varias veces que debo ser más precavido en mis salidas de aventura. Solo espero que la lección me dure hasta la siguiente salida!
A eso de las 6:30 am reiniciamos la bajada de la quebrada; en mi caso la ansiedad de regresar a mi casa (y avisar que seguía vivo) iba superando a mi entusiasmo excursionista, pero como sea había que seguir andando y eso fue lo que hicimos... por las siguientes 7 horas. En un momento dado, mientras la quebrada seguía bajando el camino por donde íbamos comenzó a subir hasta que desaparecía, literalmente! Ese fue, al menos para mí, el momento más agotador mentalmente hablando, pues por un momento pensé que habría que regresar varias horas para buscar otra salida de la montaña.
Sin embargo, en la medida que abajo se veía los caminos que nos deberían llevara a la "civilización", decidimos bajar por la ladera del cerro, lo que con un poco de esfuerzo adicional y algo más de cuidado logramos hacer hacia las 11 de la mañana. Desde ahí (luego de desayunar unas chirimoyas gentilmente proporcionadas por un lugareño, síntoma de que nos acercábamos a algún lugar sin importar cual fuera) solo quedo seguir por una trocha carrozable absolutamente interminable, hasta un punto llamado Marca Marca, desde donde bajamos hacia Canchacalla a través de los cortes que habían de un punto a otro del camino. A Canchacalla llegamos (los primeros) hacia las 2 de la tarde y luego de poco más de 1 hora de espera, ya estábamos embarcados en un colectivo hacia Chosica... de ahí a Santa Anita... de ahí a mi casa, finalmente a eso de las 7:30 pm!
Como imaginarán, se trató de una experiencia inolvidable, con sus momento altos y algunos también bajos, propios de todo gran esfuerzo físico y mental; pero también hubieron momento tensos para mí, los que por cierto generé yo mismo a partir de mis ansias por llegar a mi casa y liberar a mi familia de la preocupación de tenerme fuera "en algún lado de la sierra limeña" sin saber exactamente cuándo (y cómo) iba a regresar. Ese fue precisamente mi error, dar por sentado que iba a regresar a una hora exacta como si me hubiese ido a la oficina a trabajar; para la siguiente ocasión (de todas maneras he de repetir esos 52 km y como 3,500 metros de ascenso) ya he aprendido la lección de esta experiencia, tan bien sintetizada por Ricardo: la montaña no tiene horarios!

Grande Carlos ! Buena frase esa de que la montaña no tiene horarios. A ver si se hacen una en el monte para apuntarme. Saludos.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarPor alguna razon se me ha metido la idea de un 80K, pero antes ricardo y yo queremos hacer la ruta X como debio hacerse en su momento, poca gente, previo entrenamiento y con los recursos necesarios para prevenir situaciones absurdas que puedan retrasar nuestro proposito, espero te animes! :)
ResponderEliminarRuth
claro que me animo; creo que también faltó (al menos en mi caso) un poco de aclimatación y coordinar entre todos qué equipo llevamos y cómo... pero me apunto de todas maneras!
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