Traté de resumir en mi post anterior todo lo que implicó el "viaje" que para mí significó entrenarme (por alguna razón, prefiero el término "acondicionarme") física y mentalmente para correr 50k de montaña en la sierra de Santiago, Chile. Lo que ahora quiero compartir con ustedes es el desenlace de ese "viaje", que de hecho duró bastante más de lo pensado: 9 horas, 23 minutos!
Llegué a Chile el miércoles por la tarde (la carrera era el sábado) a la casa de mi gran amigo Vinko Fodich, quien me brindó todas las comodidades de un gran anfitrión en su simpática casa de Las Condes, una de las zonas más bacanes de Santiago: verde, tranquila, callada, casi perfecta para pasar 2 días de concentración pre-carrera y avanzando todo el trabajo que me había llevado desde Lima. Esos días verdaderamente fueron tranquilos, tal vez abusando un poco de la comida ("la Clarita", que trabaja en su casa, cocina muy bien!) y del vino pero siempre con mesura, si es que caben ambos términos juntos sin implicar una contradicción.
El día jueves fui temprano hasta el Mall Sport de Santiago, a pagar mi inscripción y recibir mi "kit" de carrera; dí unas vueltas pensando en comprar algunas cosas pero la verdad Santiago está bastante caro y nada de lo que vi era verdaderamente novedoso, y por mi parte con el pretexto de la carrera estuve actualizando bastante mi equipamiento, es decir, comprándome un montón de cosas. De regreso del Mall Sport aproveché para caminar algo y soltar las piernas y de ahí a tomar el Transantiago hasta un paradero muy cerca a la casa. El día viernes sí la pasé casi inmóvil y sin salir, repasando todos y cada uno de los aspectos que había planificado hasta el cansancio, lo que me permitió pasar el día entretenido pero en realidad no tuvo mayor impacto positivo en mi desempeño, pues no importa cuánto se estudie una ruta en google earth, la realidad siempre es otra cosa, por lo que mi planificación al final fue poco más que inútil... pero supongo que así se aprende.
Llegado el día "D", desde muy temprano empezaron los entonces problemas que ahora ya son anécdotas. Como partía a las 8:00 am de la "Hacienda La Martina", en las afueras de Santiago, decidí llegar a las 6:30 am, para lo cual llamé un taxi para que me recogiera a las 6:00 am. Sin embargo, el taxi nunca llegó y frente a mi llamada de reclamo, me informaron casi sin preocupación que ya no habían unidades disponibles; no solo pasa en Perú! Así que mi buen amigo Vinko, algo trasnochado, tuvo el buen gesto de llevarme hasta la hacienda, donde llegué poco después de las 7:00 am para encontrarme con un montón de corredores esperando la largada de los 50k a las 8:00 am (los 80k salieron a las 4:00 am). Salvo dejar mi bolsa, tomar un poco de bebida hidratante y estirar unos 3 minutos, los nervios no me dejaron hacer mucho más! Ya al poco rato, llamaron para que nos vayamos acomodando en la largada.
A partir de este momento, todo fue absolutamente nuevo; de hecho mis sensaciones físicas durante gran parte de la carrera fueron muy buenas, pero el paisaje (espectacular!), el feeling de competencia y encontrarme corriendo solo en otro país hicieron que las sensaciones mentales fuesen totalmente novedosas. Y, finalmente, partimos a las 8:00 am en punto. Comencé a correr más o menos a mitad delo grupo (por lo menos unos 250 personas, tal vez 300) y mientras entrábamos cada vez más en la zona de los cerros me iba sintiendo más cómodo y contento por empezar a pasar gente sin sentir que hacía mucho esfuerzo; eso sí, siempre estuve consciente de que se trataban de nada menos que 50k de recorrido para no entusiasmarme mucho.
En contra partida a mis buenas sensaciones corriendo, empecé a empaparme a los pocos kilómetros; algo andaba mal en el sistema de hidratación de mi mochila y empezó a botar agua hasta el punto que las mangas de mi casaca y mi short estaban goteando. Decidí esperar un poco por si salía el sol y me secaba o simplemente por si dejaba de mojarme, pero la temperatura empezó a bajar un poco (toda la carrera se realizó con clima frío, salvo muy hacia el final) así que en el segundo punto de hidratación (en el km 15, donde llegué en poco más de 2 horas) me cambié. Gracias a Dios, al poco tiempo la mochila dejó de botar agua y pude correr bastante cómodo solo con un polo (así me fui hasta el km 35 a unos 2,500 msnm). Las sensaciones running aún eran buenas y toda la novedad de la carrera me mantuvo lo suficientemente distraído durante las siguientes 3 horas. Las interminables subidas del entrenamiento no habían sido en vano y pasaba mucha gente que ya se encontraba caminando en pendientes que yo aún podía subir trotando. Aún, todo era felicidad.
A las 5 horas de carrera empezaron a aparecer los primeros síntomas de cansancio, aunque aún manejables. Mentalmente, la novedad iba cediendo frente a un paisaje que durante demasiado trecho se mantuvo monótono (desde el segundo puesto de hidratación en el km 15 hasta el siguiente puesto en el km 34, la ruta era una trocha carrozable en subida con el mismo paisaje, por lo que eventualmente se hizo aburrida). Así que prendí el mp3 para darme algo de distracción mientras continuaba corriendo hacia el tercer punto de hidratación. Ya a partir de este momento, mi mente se centraba más en mis sensaciones físicas que otra cosa; me preocupaba principalmente que mi paso estaba muy lento pero lo cierto que todo era subida, y en subida se corre lento. Además, empezaban a fastidiarme un poco los pies por lo que pensé eran algunas piedras que se habían metido en mis zapatillas. Decidí llegar al siguiente punto de hidratación y sacudirme los pies ahí. Efectivamente, luego de una enorme subida y ya cerca de las 6 horas corriendo (sí, aún corría, salvo en las subidas empinadas!) llegué al tercer punto de hidratación, que se encontraba a unos 2,500 msnm y que en la foto pueden ver lejos y bien arriba!
Hasta este punto, me había mantenido a punta de agua, barras de cereal de chocolate (que llevé desde Lima), papa hervida, plátano y pasas. Sin embargo, sentí que el cansancio ya era considerable y que además la temperatura había bajado significativamente, así que eché mano de los geles y barras energéticas que ofrecía la organización (sin haberlos probado nunca) y de coca cola. Debo confesar que rompí en ese momento una tradición de ya varios años de no tomar gaseosas pero en ese momento me fue imposible resistirme al azúcar que me ofrecía. Luego de alimentarme e hidratarme, me senté en una piedra a limpiar mis zapatillas y me puse un polo de manga larga antes de partir, una vez más, corriendo hacia arriba. No sé que fue lo que me hizo bien, si el descanso de unos minutos (no más de 8), lo que comí, lo que bebí o todo junto, que es lo más probable. Mental y anímicamente también me sentía mejor, pero no por mucho tiempo ...
Al poco rato de reiniciar la carrera, los pies me empezaron a doler mucho, principalmente en la zona de los talones; mientras el camino subía con poca pendiente y al trotar apoyaba el antepié no había mayor problema, pero cuando era bajada y caía con los talones el dolor se hacía sentir, lo mismo que cuando caminaba en una subida pronunciada. Asumí que pasadas las 6 horas y media corriendo las plantas de mis pies se encontraban adoloridas y que tal vez debí haber elegido unas zapatillas con más protección o amortiguación que las que llevaba puestas (corrí con unas Inov8 Roclite 295, que siempre se han portado de maravilla; quien tenga la oportunidad de probar esa marca no se va a arrepentir). Me repetía que era precisamente para estos momentos que había entrenado tanto, que era ridículo que pudiera recorrer 50k sin ningún problema y que, en definitiva, habiendo pasado el tercer y último punto de hidratación ya no había vuelta atrás. Empero, al dolor físico en los pies se iba a sumar de pronto y sin previo aviso o anestesia, un tremendo golpe anímico: alrededor del km 38 dejábamos la trocha carrozable para subir por un single track tremendamente empinado y de al menos unos 400m de altura. En mi defensa, los corredores que iban a la par conmigo se quejaron con tanta o más ganas (y groserías) que yo! Miren la foto:
Luego de 7 horas de carrera, esa subida fue un gran golpe para el ánimo! De todos modos, no había mayor alternativa que ir para arriba, pero mis pasos eran bastante inestables debido al dolor -ya bastante fuerte- que sentía en los talones; maldije las piedras todo lo que pude (en silencio, pues no iba a perder aliento hablando!), tanto las que pensaba que tenía dentro de las zapatillas como las que iba pisando a cada paso. Peor aún, a la mitad de este tramo, por primera vez paré por cansancio, simplemente no pude más. Estaba agitado, con las pantorrillas agarrotadas, los cuadríceps me latían y por un momento sentí temor de no poder llegar. Tomé aire un par de minutos y me recordé que luego de esta subida solo podía haber bajada (falso!) y con esa ilusión trepé lo que quedaba hasta la cima que debe haber estado por encima de los 2,800 msnm.
Arriba tomé una última foto pues decidí guardar la cámara y centrarme únicamente en avanzar los más rápido posible. Sacudí mis zapatillas una vez más de paso que me tomaba unos minutos extra de descanso y me lancé tras los 10 ó 11 km que quedaban hasta la meta (90% bajada). Este tramo hoy es una anécdota pero en ese momento fue casi una pesadilla!
Mis sensaciones físicas eran malas. El hecho de no poder pisar muy bien en bajada hizo que no solo vaya muy despacio sino que me cansara más en el intento. A las piernas agotadas empezó a sumarse dolor en los hombros y cuello. Pero la parte más complicada fue la mental. De una manera increíble fui perdiendo de vista todo lo que sucedía a mi alrededor; todo empezó a diluirse, desde mis pensamientos, el paisaje, los corredores, todo... había empezado hacía más de 7 horas y media con muchas razones para completar los 50k y poco a poco todas habían empezado a desaparecer. No exagero si digo que en ciertos momentos no sabía -literalmente hablando- qué hacía corriendo ahí y si alguien de la organización me hubiese preguntado si prefería abandonar las probabilidades de una respuesta afirmativa eran intimidantes... en un momento dado solo corría porque no encontraba una razón "aceptable" para después poder escribir este post justificando mi abandono sin sentirme avergonzado (menos mal no se me ocurrió ninguna!).
Tan solo miraba los 2 ó 3 metros que tenía al frente y procuraba poner los pies donde no hubiesen piedras. Lamentablemente no tenía capacidad de mantener un paso que me permitiera aterrizar con el antepié y por tanto la escasa fuerza que me quedaba la empleaba casi totalmente en aguantar el dolor que sentía en ambos talones (lo curioso es que no terminaba de saber a qué se debía pero ni a patadas iba a parar a averiguarlo). El tramo de bajada de los 50k estaba planificado como el remate! Pero en cambio fue un vía crucis interminable, eterno y muy doloroso. La meta seguía sin llegar o siquiera acercarse y solo gracias a algún nivel de testarudez subconsciente que nunca había experimentado seguí corriendo... mientras tanto, en mi mente ocurría un debate entre las razones para parar y las razones para seguir que en realidad nunca se resolvió sino hasta que llegué. Menos mal!
Faltando tan solo 4k, la organización tuvo la genial idea de colocar un cuarto punto de hidratación originalmente no previsto; fue como llegar a un oasis, me atraganté de barritas y bebidas energéticas y un plátano para los evitar los calambres que amenazaban con hacer acto de presencia en cualquier momento! Ya me encontraba sobre las 8 horas y media de carrera. Solo un poco más para llegar!
Esos últimos 4k fueron algo menos duros, me sentí un poco mejor aunque el dolor de los talones nunca se fue. Lamentablemente en toda la bajada me pasaron casi tantas personas como las que yo pasé en las subidas, pero a esa altura ya no me importaba, la meta estaba muy cerca y el sabor de triunfo empezaba a formarse en mi boca... estaba a punto de completar un viaje iniciado hacía mas de 8 meses atrás; estaba demostrando -principalmente para mí mismo- que era posible ser un ultra runner, así sea con la marca mínima de 50k; estaba viendo que todos los sacrificios asumidos rendían fruto y la satisfacción y el orgullo eran un bálsamo para mis dolores ya generalizados. Ya no era necesaria ninguna razón para seguir corriendo hacia la meta, llegar ya era inevitable, incluso a pesar que el último kilómetro fue también una subida, que si bien hizo renegar a mis cuadríceps les dio alivio a mis talones y como aun era consciente que un solo gramo de energía después de pasar la meta era un desperdicio, empecé a correr con más velocidad y sin parar esos triunfales metros que me quedaban hasta la meta.
Así, luego 9 horas y 23 minutos completé mi primer 50k! Durante un instante todo estuvo bien y disfruté lentamente esos pocos segundos que dura la felicidad en pleno! Luego, regresaron las puntadas en los talones, el agarrotamiento en las piernas (los calambres se quedaron en algún lugar, je!) y el dolor de hombros y cuello... pero ya no importaba, ya había llegado (según los resultados oficiales, llegué en el puesto 91 de 180 en la general y en el puesto 27 en mi categoría de 30 a 39 años). El dolor en los talones resultó ser obra de una ampolla en cada pie causada (según he concluido) por algunas piedras que se habían incrustado en las plantillas de mis zapatillas desde que las empecé a usar.
Esos 50k fueron muchas cosas para mí. Un logro conseguido. Un reto superado. La culminación de un viaje espectacular. Pero sobre todo, fue un encuentro cercano conmigo mismo, tanto mental como físicamente; hoy conozco mejor mis propios límites y principalmente mis debilidades. En lo físico, solo queda entrenar más, me faltó velocidad cuando tenía que subir trekkeando. Pero el verdadero aprendizaje -y por tanto la riqueza de la experiencia- fue de otro tipo: Mi mente estuvo en muchos momentos bastante disminuida y mi motivación sufrió fuertes golpes que hicieron que por instantes me quedara sin razones para seguir adelante. Y sin embargo, llegué! Así, la gran lección que aprendí a lo largo de esos 50k es que haber decidido hacer algo, en ocasiones, debe ser suficiente razón para hacerlo y terminarlo!
Que tal experiencia Carlos. Te felicito por el esfuerzo realizado y por seguir adelante, no obstante el cansancio y los dolores.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gran relato. Buscaba este tipo de descripciones, porque pretendo hacerlo este año. Saludos
ResponderEliminarGran ayuda y orientación para los 50k de este 2013! saludos carlos!
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